Jeff Wall escribió en 1989 un artículo titulado “Fotografía e inteligencia líquida”. En él plantea cómo las formas naturales, mucho más evolucionadas y antiguas que cualquier forma artificial creada por el hombre, participan y juegan con la fotografía. La fotografía, resultado de un proceso mecánico de obtención y retención de la luz a través de un cristal de estructura ordenada, resulta la antítesis de cualquier forma líquida, que será caprichosa, libre e impredecible. Instantaneidad capturada frente a fluidez orgánica.
Este artículo de Jeff Wall, recomendable en cualquier caso, termina con una buena frase para meditar: “El líquido nos estudia, incluso desde una gran distancia”. Y es que el líquido, con sus movimientos y formas infinitesimales, supone un reto para el observador hasta el punto de no saber quién observa a quién (expermentar con el experimentador, o el cazador cazado).
Esta dialéctica me ha inspirado a jugar con ambos elementos, agua y cristal, como si de uno sólo se tratara, dejando que cada vez uno predomine sobre otro, sin un claro vencedor.
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