Me apetecía un montón volver a dar clases y que además sea de Lightroom, más aún. Tenía claro que no quería hacer un curso de un programa informático “que sirve para retocar fotos”. En vez de eso, he planteado un taller práctico de edición y perfeccionamiento del flujo de trabajo fotográfico basado en Lightroom. La diferencia no es sólo semántica. La idea es no limitarse a explicar para qué sirven las herramientas, sino además plantear criterios de uso según la forma de trabajar de cada uno.
Para entendernos, es como aprender a hacer fotos. Empiezas por conceptos como velocidad de obturación, apertura de diafragma… lo necesario para usar la herramienta. Sin embargo, sólo con eso, aún estamos lejos de saber hacer fotos. Antes hay que aprender a mirar. Usado con criterio, Lightroom nos ayuda a cuidar nuestras imágenes, a sacarles todo el provecho posible y a mirar toda nuestra Obra con una perspectiva temporal, por grande o pequeña que sea.
En nuestra vida de fotógrafos crearemos muchas, muchísimas, imágenes y es necesario empezar cuanto antes a gestionar esa ingente cantidad de información. La experiencia me dice que hacemos muy poco por nuestras viejas fotografías, cuando lo cierto es que las imágenes son el mayor activo de un fotógrafo ¿o no? ¿estamos preparados para 20 ó 30 años más de producción fotográfica? ¿recordaremos entonces las fotos que hacemos ahora? ¿sabremos siquiera dónde están? Tener un flujo de trabajo planificado no sólo nos ahorrará disgustos en caso de catástrofe, además hará nuestro trabajo mucho más eficiente y todo nuestro archivo de imágenes (y me refiero a todo, completo, hasta la última imagen) estará vivo, siempre accesible y navegable.
¡Y hasta aquí puedo leer! Tienes más información sobre el taller en www.tallerdelightroom.com













